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Para La Mujer Alcohólica La Lucha Es Más Difícil

Este hecho ofrece una oportunidad excepcional a las damas miembro de AA.

Las damas alcohólicas tienen, en verdad, problemas muy especiales. Para empezar, el doble criterio trabaja sobre el tiempo en su contra. Aún antes de convertirse en alcohólicas están en situación distinta al hombre que bebe. Se espera que si beben deben saber hacerlo. “A nadie le gusta ver a una mujer borracha” es una frase que hemos oído hasta sentir náuseas. De hecho, no nos gusta verla en nosotras mismas y mucho menos verla en el espejo, pero si somos alcohólicas no nos queda mucho que escoger.

No obstante, existe algo que la mujer puede generalmente hacer y la mayoría lo hacen. Puede beber en privado. Puede “enterrarse” y presentarse al mundo con un cuadro de terribles jaquecas, que prácticamente equivalen a una invalidez crónica. Puede aprender más acerca del ocultamiento de su licor en pocos meses, de lo que la mayoría de los hombres alcohólicos aprende en años. Y de paso, también aprende muchísimo a ocultar sus verdaderos pensamientos, en otras palabras, aprende a pensar con deshonestidad. Y finalmente, muchísimas damas alcohólicas aprenden el último escondite contra su descubrimiento: aprenden que los sedantes se pueden esconder fácilmente, pueden tornarse a hurtadillas y no dejan olor. Y que producen el mismo efecto que cantidades de licor con diez veces sus peligros.

Agregados a sus propios esfuerzos para ocultar su alcoholismo, están los bien intencionados intentos de su familia para ocultar su vergüenza -la vergüenza de ellos- del resto del mundo. A pesar del hecho de que tales esfuerzos raras veces engañan a nadie, se le persigue amargamente, a veces con consecuencias fatales.

¿Qué es lo que, en este caso, ha matado a estas “alcohólicas ocultas”, a estas mujeres “protegidas?” No es el alcoholismo. Es el estigma.

Las mujeres que hemos encontrado la respuesta a nuestro problema de alcoholismo en AA, hemos aprendido además que no debe anexarse tal estigma a esta enfermedad alcohólica que a tantos nos afecta. Hemos aprendido que no debemos avergonzarnos, pues es una enfermedad como cualquier otra, con nombre y síntomas y hemos aprendido igualmente que podemos aliviarnos.

Para muchas de nosotras fue muy difícil, casi imposible, dar el Primer Paso, admitir que éramos aquello que considerábamos tan vergonzoso: una alcohólica. ¿Qué dirá la gente? ¿No será aún peor que aquel estado oculto y amargo de nuestros días anteriores a AA? ¿Podremos aceptar las cosas honestamente de nuevo? Hemos estado alejadas de la realidad, por tanto tiempo, hemos retorcido y volteado tan hábilmente nuestro modo de expresarnos, nuestras acciones, hasta nuestro modo de pensar, que nos preguntamos si será posible regresar. ¿Y si lo intentamos, se nos permitirá? ¿Resultaríamos aceptables? ¿O actuaría aquí también el doble criterio?

En los grupos de AA donde ya hay algunas -damas miembros- algunas de estas tempranas dudas pueden resolverse rápidamente. Aquellas que se atrevieron a dar el salto solas hacia este mundo aparentemente para hombres solos, no se encontraron en aguas heladas, sino dentro de una tibia hermandad. Ellas, a su vez, pueden tender la mano a, las que llegan y conducirlas a un mundo en el cual existe la verdadera igualdad -donde todos somos alcohólicos juntos, aceptables por nuestra sola admisión de este hecho-. Pueden ayudarla a no sentirse más sola, corno criatura marcada para esconder y evitar, sino deseada y necesitada como parte vital de una sociedad viviente de su propia clase.

El regreso a la honestidad es muy difícil para todos los alcohólicos, pero para las mujeres es más duro que para los hombres. Todo en el molde de una alcohólica ha conspirado para hacerla deshonesta. Y no ha sido totalmente su propia falta; el mundo y sus sistemas tienen gran parte de la culpa. Pero las mujeres podemos llegar allí lo mismo que los hombres, como lo testifica el crecido número de nosotras, buenos miembros de AA.

Necesitamos, quizás, un poco más de ayuda, un poco más de tolerancia, un poquitín más de tiempo. Necesitamos educación adicional sobre el problema de los sedantes, el cual es a menudo para nosotras el gemelo siamés de nuestro alcoholismo. Necesitamos el ejemplo y el estímulo de otras mujeres y necesitamos dar ejemplo y estímulo a aquellas alcohólicas ocultas que nos necesitan.

Nosotras que ya tenemos la fortuna de ser felices miembros de AA tenemos una gran responsabilidad en la lucha contra el estigma. Si admitimos, libre y orgullosamente, que somos miembros de AA cuando tenemos la oportunidad, si hablamos en las reuniones cuando nos es posible y si trabajamos con otras mujeres, podemos ganar la batalla. Para las damas que viven en pueblos y ciudades más pequeñas, la lucha es aún más ardua, debido a que mientras más chica es la comunidad, más monstruosamente grande se ve la cabeza del estigma, dada la ignorancia, los chismes y los malos entendidos. Sólo la luz del conocimiento logrará eliminar la cabeza del monstruo y la luz del conocimiento se propaga mejor por medio de la brillante luz de ejemplo humano. Una mujer, libre de su aflicción, sana y contenta y lista para comunicar a otras cómo lo logró, puede sin duda, liberar a centenares más.

Las damas alcohólicas, en número creciente, buscan la respuesta a sus problemas de alcoholismo en AA. No fue fácil para nosotras llegar hasta ellas, ni les fue fácil a ellas acercarse a nosotras, pero se va haciendo más fácil a medida que pasa el tiempo. Y nosotras, las mujeres, estamos encargándonos de que así suceda.

Marty M., Manhattan, N. Y.

Tomado de: Selección de AA – El Mensaje. Tomo V. Los mejores artículos de las primeras 50 ediciones de “El Mensaje” de Alcohólicos Anónimos.

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